El colibrí es un instante hecho de luz. No llega ni se va: permanece suspendido en el aire como un latido detenido.
Recordar a un ser querido es como seguir el rastro de ese aleteo invisible: no vemos al pájaro, pero sentimos la vibración en el aire. El amor no desaparece; se transforma en una presencia sutil, en un silencio que arde, en un tiempo que no se apaga.
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