La idea
La infancia es una experiencia completamente psicodélica: todo es nuevo, desbordante, enorme. Los colores arden, los sonidos se multiplican, el tiempo se estira y se contrae sin ninguna lógica. Cada día es un viaje en el que lo real y lo imaginario se mezclan sin pedir permiso. En la infancia no hay mapas, solo descubrimientos; no hay certezas, solo asombro. Quizá por eso, de adultos, pasamos la vida entera intentando volver a esa mirada alucinada sobre el mundo, en la que hasta el polvo en un rayo de luz parecía un milagro.
El proceso
Del stencil a la última línea.
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