El equilibrio no se alcanza persiguiendo un ideal, sino en el silencio que une cuerpo, mente y alma. El cuerpo es la raíz y el sostén; la mente, un río que ordena y desordena; el corazón, un fuego que da sentido. Cuando una de estas voces domina, la armonía se rompe. Cuando dialogan, aparece el centro: un espacio donde habitar la vida con claridad, fuerza y ternura.
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